Cuando no se sabe qué tiempo hará durante las vacaciones, es fácil llenar la maleta con demasiadas cosas por si acaso. El resultado es una maleta pesada, con prendas que casi no se usan. Hay una manera más sencilla: elegir pocas prendas que combinen entre sí y que sirvan tanto para el calor como para la lluvia, de modo que cada una tenga varios usos. Además, una maleta ligera es mucho más cómoda de mover por estaciones y aeropuertos, y deja sitio para lo que compres.
Empieza por una base de colores neutros, como azul marino, gris, beige o blanco, que combinen con todo. Camisetas y blusas de tejido ligero que se sequen rápido, unos pantalones cómodos y una falda o unos pantalones cortos para los días de sol. Encima, un jersey fino y una chaqueta impermeable ligera que se pliegue en poco espacio y quepa en una mochila pequeña.
Lo que marca la diferencia
El calzado es lo más importante. Unas zapatillas cómodas que aguanten un poco de agua y unas sandalias para los días de calor bastan. Añade calcetines de repuesto, porque los pies mojados estropean cualquier plan. Un pequeño paraguas plegable o un chubasquero fino en la mochila del día ofrece un buen resguardo cuando llega la lluvia de repente. Una gorra ligera protege del sol y también del agua si llueve un poco.
Dobla la ropa en rollos o en paquetes pequeños para aprovechar el espacio, y guarda lo húmedo en una bolsa aparte. Lleva una bolsa de plástico para las prendas mojadas, de manera que no empapen el resto. Si te alojas en un sitio con lavadora, puedes llevar menos ropa y lavar a mitad del viaje, lo que aligera mucho la maleta.
Al volver a casa, saca todo de la maleta cuanto antes y deja secar lo que esté húmedo antes de guardarlo. Así evitarás que la ropa huela a cerrado. Con una maleta ligera y bien pensada, el tiempo incierto deja de ser un problema, y puedes disfrutar de las vacaciones sea cual sea el cielo, sin cargar con peso innecesario.